Cuando la lactancia no empieza como lo imaginabas

Esta semana se celebra a nivel mundial la semana de la Lactancia Materna y no sabía muy bien que compartir… aprovechando que también se mueve por las redes sociales la importancia del postparto real (#postpartoreal), he decidido contaros como fue el inicio de mi primera lactancia (ya compartí mi segunda lactancia) que no fue para nada lo que yo había imaginado tantas veces ni por idílica ni por fácil, y es que a veces las cosas son así, a veces los inicios de la maternidad y la lactancia no son fáciles ni bonitos y hay que pelearlos y buscar apoyo para poder conseguir lo que quieres y que luego tanto merece la pena…

Bueno pues os cuento…mi primer parto no fue un parto fácil, tuve un parto instrumentado tras una inducción larga y dura por una preeclampsia al final del embarazo (una complicación en la que la tensión arterial de la madre se eleva y que es un motivo más que justificado para terminar la gestación para evitar complicaciones mayores).

Cuando nació J. como no podía ser de otra manera al haber tenido yo una preeclampsia fue un bebé pequeño, con una boca pequeña y con un peso muy justo (2.640 gramos) con el que teníamos poco margen para la pérdida fisiológica que todos los recién nacidos tienen (se considera normal la pérdida hasta el 10% del peso del nacimiento a las 48h. de vida).

Ella nació con instinto de búsqueda y antes de las 2 h. de vida ya se había enganchado al pecho pero desde el segundo 1 yo tenía dolor. Cómo todas las madres aguanté ya que al inicio era soportable. Pasamos la noche juntas, en piel con piel y aguantando el dolor que iba in crecendo en cada succión.

Yo me encontraba bastante mal…me dolía bastante la espalda tras el parto, me subió aún más la tensión, se me hincharon bastante las piernas…vamos estaba hecha un asco y eso sumado a que no me aclaraba para colocarme a J. al pecho sin que me entrasen ganas de salir corriendo por la puerta, me temblaran las piernas y sudara a chorros del dolor hacían que yo no parara de llorar…aún así las tomas al pecho eran casi continuas de día y de noche, yo sabía que había que tener estímulo para tener producción y me dejaba la piel en ello.

Probé con todas las posturas que me aconsejaron…caballito, balón de rugby, de cuna, biológica, etc…y es cierto que cuando mi amiga matrona experta en LM venía a ayudarme disminuía algo el dolor pero cuando nos quedábamos en la habitación mi marido, J. y yo no me aclaraba, me faltaban manos y me dolía bastante (por supuesto ya tenía grietas y no habían pasado ni 24h del nacimiento).

Cuando pesaron a J. a las 24h. estaba muy al límite en la pérdida de peso, yo no me notaba ningún cambio en el pecho que hiciera pensar que la subida de la leche estaba próxima (calor, rubor, molestias), así que empezamos a estimular con sacaleches cuando no tenía a J. en el pecho y a darle suplementos de leche artificial con la técnica del dedo-jeringa cada 3 horas.

Confieso que eso terminó de hundirme, no era lo que yo me había imaginado, no entraba en mis planes. Yo acababa de terminar la especialidad de matrona y ¿cómo una matrona iba a darle leche artificial a su hija?… por más que mi marido, familia y amigas me apoyaban y me decían que era algo pasajero, yo no podía ver más allá…me sentía como si le diera veneno a mi hija cada 3 horas y yo no fuera capaz de alimentarla ¿Qué madre iba a ser?

Continuamos con el estímulo a pesar del dolor, que iba disminuyendo conforme iba cogiéndole destreza a colocarme a la nena y pasadas las 48h. conseguí por fin, extraerme algo de calostro que para mí fue un logro absoluto…parecía que se vislumbraba algo de luz.

A los 4 días de haber nacido la niña por fin nos dejaron ir a casa porque había dejado de perder peso y había ganado algo y a las pocas horas de estar en casa POR FIN TUVE LA SUBIDA DE LA LECHE…yo empezaba a encontrarme mejor de todo en general y parecía que las cosas empezaban a rodar un poco.

En el control de peso a las 24h la ganancia de peso seguía y cambiamos los apoyos de leche por leche mía extraída (la producción ya iba a toda mecha) un par de días más.

A partir de ahí, todo fue mejor no sin una mastitis, una perla de leche…algo de dolor al enganche (que remitió por completo cuando J. creció algo más y su boquita con ella y ya pudo abarcar toda la areola) pero bueno, nada comparable con esos primeros 3 días.

La lactancia de J. fue una lactancia exclusiva los 6 primeros meses de su vida y complementaria hasta los 2 años y medio (como ya os conté en la entrada de la lactancia en tándem), una lactancia elegida, peleada, disfrutada y gozosa.

Y ¿por qué os cuento toda esta vivencia tan personal? Pues porque creo que es importante visualizar que no todos los inicios son fáciles, que hay postpartos complicados en los que la madre no se encuentra bien y no está sonriendo constantemente y no puede hacer más que llorar porque se siente superada y porque cuando esto pasa es VITAL pedir ayuda y dejarse aconsejar por profesionales expertos en el tema y porque creo que no podemos consentir que una madre sienta que le da veneno a su bebé si tiene que darle suplementos de leche artificial.

No se es peor madre, no quieres menos a tu hija/o… estás luchando a tope y los recursos están para ser usados cuando hacen falta y bienvenidos sean si evitan un ingreso en un recién nacido.

Ánimo mamás, esto se supera, es muy duro pero pasa y cuando lo superes vivirás una de las experiencias más gratificantes de tu vida.

Tú puedes y yo te apoyo.

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